La Academia Galega do Audiovisual ha decidido homenajear con el Premio de Honor Fernando Rey de 2020 al proyeccionista del CGAI-Filmoteca de Galicia José María Rodríguez Armada, Chema. Para varias generaciones de profesionales del sector, el mero título de proyeccionista se queda pequeño cuando se habla de Chema, una figura fundamental en la estructura del CGAI, donde realiza labores de restauración, conservación y divulgación de nuestro patrimonio audiovisual. Recibirá el galardón en la Gala de los Premios Premios Mestre Mateo, el próximo 7 de marzo en el Palacio de la Ópera de A Coruña. 

Después de una infancia como hijo de emigrantes en Francia, su adolescencia transcurrió en Cariño. Aficionado al cine desde siempre, fue entonces cuando germinó su cinefilia en los cines La Solana o Gran Vía “con películas de Bud Spencer y Terence Hill, Pajares y Esteso, Juan Piquer Simón, y otros muchos”.

Llegó al CGAI como alumno en prácticas de la EIS de Someso “como diría Groucho Marx, salí de la nada y conseguí llegar a las más altas cumbres de miseria” dice entre risas. E allí, a pesar de su dilatada trayectoria, sigue considerando un hito “cualquier presentación, coloquio o seminario, porque no contaba con conocer a tanta gente como la que ha pasado por nuestra sala estando yo de proyeccionista”.

De todos estos años, atesora momentos como “proyectar El sol del membrillo con Víctor Erice en la sala, una mesa redonda con el propio Víctor Erice y José Luis Guerín, la proyección de En construcción, creo que nunca hubo tanta gente haciendo cola en el hall de la Casa da Cultura Salvador de Madariaga, el primer Seminario-Taller de Archvos Fílmicos que se hizo fuera de las instalaciones de Filmoteca Española fue en la sala del CGAI, haber conocido aArthur Penn, Berlanga, Borau, John Malkovich, Manoel de Oliveira, a la bisnieta de Mélies, etcétera, etcétera, etcétera”. Melómano confeso, recuerda también con cariño una sesión organizada por el CGAI fuera del CGAI: Tom Verlaine y Jimmy Rip acompañandocon su música imágenes de Maya Deren y otros cineastas en la sala Capitol de Santiago”.

Sus tareas del día a día incluyen atender a profesionales, investigadores y estudiantes que desean “consultar el archivo de imágenes históricas; intentar construir un archivo en el que se conserve la mayor parte de nuestro patrimonio fílmico e intentar recuperar y restaurar lo que se pueda con los medios que tenemos; y claro, digitalizarlo, en estos tiempos es la palabra mágica, la digitalización, para facilitar el acceso y la conservación”. Todo eso sin desatender las proyecciones que se llevan a cabo en la sala de martes a sábado.

¿Qué supone recibir el Premio de Honor Fernando Rey para alguien acostumbrado a trabajar discretamente entre bastidores? “Me siento halagado porque hayáis pensado en un proyeccionista, ya que es raro que alguien tenga en cuenta los muchos oficios fuera de los focos que también tienen relación con la industria audiovisual” para terminar, reconociendo con modestia “no sé si merezco tanto premio”. 

Fotografía: José Vázquez Caruncho